El Artista
Una vida en dos movimientos

El preludio de la juventud
La música siempre fue mi primer lenguaje. En mi juventud, las melodías fluían con la naturalidad de quien respira. Eran tiempos de sueños, de escenarios imaginados y de una guitarra que parecía una extensión de mis manos.
El silencio por amor
Pero la vida tiene sus propios compases. Con la llegada de la familia, las prioridades cambiaron. La guitarra tuvo que descansar en su estuche para dejar paso a la responsabilidad de sacar adelante un hogar. No fue un sacrificio, fue un acto de amor. Durante décadas, la música quedó en pausa, resonando solo en mi interior.
El renacimiento
Ahora, a los 72 años, he vuelto a abrir ese estuche. Las manos, aunque con más historia grabada en la piel, recuerdan cada acorde. Este regreso no es solo por mí, es un legado para mis hijos y una demostración de que nunca es tarde para retomar lo que nos hace sentir vivos.