
Biografía
Mi Historia
Reconocimiento
Mi total agradecimiento pleno de amor, a mi hijo el Ingeniero Informático, Oscar Iván Cabrera Guijarro autor de esta pagina.

Preludio
Apasionado por la música desde niño, pero sin que la naturaleza me haya dotado de condiciones para tocar bien un instrumento y muchísimo menos para cantar, he intentado suplir esas carencias innatas con miles y miles de horas de ensayo, pero con muy poco resultado, ya conocéis el refrán “aunque la mona se vista de seda…”.
Sin embargo, en lo que la naturaleza si fue generosa conmigo, fue en la creatividad, desde los cinco años me inventaba unas historias tremendas, yo se las contaba a mi abuela como si las hubiese vivido de verdad y ella me decía “pero mira que eres embustero”.

Primeros acordes
Pase gran parte de mi infancia con mi abuelo Enrique Cabrera Santiago, mi abuelo tenia un oído absoluto para la música, entonaba fenomenal y tocaba en la guitarra todo lo que oía, eso sí, sin ningún conocimiento musical, era totalmente autodidacta, conocía unos cuantos acordes (posturas lo llamaba él), pero aun con esas limitaciones, las melodías las interpretaba perfectamente, tanto entonándolas, como en la guitarra. Oírle tocar y cantar (siempre flamenco) despertó en mi la pasión por la música desde los cuatro-cinco años. El me enseño los primeros acordes (posturas), Do, Re, Mi, Fa, Sol, La y Si en tono mayor y Mi y La en tono menor, era todo lo que conocía y a mi me sirvió para empezar a expresarme.
Así que podemos decir que la música siempre fue mi primer lenguaje y cuando empecé a rasguear la guitarra, las historias empezaron a fluir ya con su melodía, para contarlas en forma de canciones.

La música como profesión
Con el tremendo esfuerzo que dedicaba a ensayar, la ayuda de amigos y conocidos que sabían salgo de música, fijándome muchísimo en los acordes que utilizaban los grupos a los que iba a ver en sus actuaciones, las inmensas ganas y total pasión que sentía por la música, llegue a poder coger algo de soltura, esto me permitió entrar a formar parte de varios grupos musicales entre 1969 y 1980, tocábamos de pueblo en pueblo, en salas de fiesta y salones de bodas para que el publico bailara.
La guitarra y el órgano se quedaron en el trastero y yo me dedique a cubrir las necesidades de mi hogar y acompañar a mi familia en su desarrollo. Una etapa preciosa de mi vida que me ha colmado de total felicidad. Así que, durante décadas, la música quedó en pausa y resonando solo de vez en cuando en mi interior.


El paréntisis por amor
La música me exigía largos desplazamientos por carretera a horas intempestivas, descargar y montar los instrumentos, largas sesiones en el escenario, después volver a desmontar el instrumental, cargarlo en la furgoneta y vuelta a la carretera sin dormir. Con la llegada de la familia, me pareció un el riesgo muy peligroso. Si a eso sumábamos, que no conseguía tocar mis composiciones, pues decidí dejarlo totalmente.
A mi eso no me satisfacía plenamente, yo deseaba tocar la música que componía para contar mis historias y transmitir mis sentimientos al publico. Pero como ya he dicho antes, no tenia voz para cantar, así que dependía de que alguien las quisiera interpretar y eso nunca llego a suceder.

El renacimiento
Ahora, a los 71 años, he vuelto a abrir las antiguas libretas de apuntes, las manos, aunque con más historias grabadas en la piel y bastante mas torpeza, vuelven a hacer sonar aquellas melodías y los cantantes que nunca encontré en los años 70, hoy me los ofrece la tecnología. Así que aquí estamos manos a la obra, para que una gran parte de mis creaciones, vean la luz, y seré inmensamente feliz si las oye al menos una persona y durante los tres minutos que dura la canción, logro reconfortarla.
Este regreso no es solo por mí, es también porque la música solo tiene sentido si alguien la escucha y toda creación merece la oportunidad de ser escuchada. También es un legado para mis hijos y una demostración de que nunca es tarde para retomar todo lo que nos apasiona.
